«Solo soy una persona que trabaja en lo que más ama»

  • La imparable Blanca Portillo llega mañana al festival de teatro de Carballo con «El testamento de María». Es un personaje que al principio le impuso respeto. Una mirada humana a la madre de Jesús, una mujer que quiere dar su propia versión de sí misma, una obra emocional, un tránsito por el dolor y fruto de un trabajo colectivo, aunque solo ella esté en el escenario. María son muchas mujeres.

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Cree que lo dramático ha de tener algo de comedia, y viceversa, «como la vida misma». Por eso no puede elegir ni lo uno ni lo otro. Directora y actriz, con un currículo en teatro, cine y televisión excepcional, Blanca Portillo (Madrid, 1963) dice que se queda con los buenos trabajos, con los buenos personajes, sean cómicos o dramáticos. La marcaron Hamlet o Segismundo, pero también María, madre de Jesús, con el que precisamente estará mañana en Carballo, dentro de la programación del Festival Internacional Outono de Teatro (FIOT). El testamento de María, con texto de Colm Tóibín adaptado y dirigido por Agustí Villaronga, le ha valido a Blanca -Premio Nacional de Teatro 2012- el premio Max a la mejor actriz. La obra, que inaugura en Carballo su paso por Galicia (estará en A Coruña en noviembre), es una coproducción del Centro Dramático Nacional, el Festival Grec y Avance Producciones Teatrales. Cosecha reconocimientos y críticas que indican que no es un espectáculo de paso. Sobre su cuerpo, Blanca lleva gran responsabilidad. Ha tenido que sacar tiempo de donde no lo había, de un rodaje, para dar pinceladas de la obra, de su trayectoria e incluso de su vínculo gallego.

-¿Cuánto pesa la emoción en El testamento de María? ¿Cómo enfrentó el papel? 

-Indudablemente hay una gran carga emocional. María es una mujer que lleva sobre sus espaldas el mayor de los dolores: la muerte de su hijo, ante sus propios ojos y sin que ella pudiera evitarlo. No imagino mayor dolor. Ese peso marca toda su vida y convive con él, generando otras muchas emociones, impotencia, rabia, vergüenza, culpa, desconfianza… Por tanto, todo su mundo racional está teñido de esas emociones, contenidas desde hace mucho tiempo. Es un personaje que de primeras da miedo. Está muy arraigado en nuestro imaginario colectivo y abordarlo desde el punto de vista religioso es realmente difícil. Tóibín plantea una María humana y desde ahí era más fácil de entender. Hay millones de madres en las que fijarse, incluidas las madres de mi propia familia… Mujeres que sufren, silenciosas, la pérdida de sus hijos. Buscar su lado humano me la hizo más asequible. No obstante, releí los evangelios y leí textos de otros autores sobre los hechos de Jesús. María resulta ser un personaje bastante enigmático, del que casi no se habla.

-Una María humana que hace un tránsito por el dolor. ¿Qué brinda El testamento de María al espectador?. Es drama, pero también es… 

-Es también un ser humano que asume sus responsabilidades, que desea dar su versión de sí misma, una versión en donde no oculta sus propios errores; una mujer que no desea pasar a la historia como la madre perfecta, sino como lo que realmente fue: una mujer con miedo, que amó a su hijo con toda su alma y que jamás entenderá por qué se lo arrebataron.

-La persona detrás del mito, cuestionando lo asumido. 

-Eso está muy presente, ciertamente. La historia casi nunca la escriben los protagonistas. Aceptamos lo que nos cuentan sin cuestionarlo. Además plantea preguntas sobre si merece la pena morir o matar por una idea. Hay también una reflexión sobre las consecuencias de nuestros actos, sobre el papel de la mujer en la sociedad… Son muchas las facetas que plantea esta función y que van mucho más allá de la historia de María, madre de Jesús.

-Su obra en Carballo tiene las entradas prácticamente agotadas. ¿Qué hay detrás del «mito» Blanca Portillo?   

-¡No soy un mito! Soy solo una persona que trabaja en lo que más ama, que adora a su familia, a sus amigos y que disfruta de los placeres más sencillos de la vida. Nada fuera de lo normal.

-En cuestión de actores, en este caso, estamos ante un monólogo. Ha hecho cine, televisión, dirigido e incluso doblado. ¿Hay fronteras entre todo eso?

-Creo que los límites o las fronteras tienen que ver con la técnica. Obviamente, no es lo mismo ponerse ante una cámara que ante unos seres humanos vivos y presentes… Pero en el fondo, todo versa sobre lo mismo: crear personajes, hacerlos creíbles, conseguir que el espectador se los crea y empatice con ellos, poner tu alma, tu cuerpo, tu corazón y tu mente a su servicio… Por eso Agustí [cineasta y director de El testamento de María] puede dirigir teatro sin ningún problema. Solo la técnica cambia, el contenido es el mismo. Todos los elementos teatrales deben contribuir a contar la historia y en este caso es muy evidente. Agustí planteó un monólogo muy poco frecuente: no es una mujer contando una historia sino reviviéndola [hace énfasis en esta palabra]. Cada elemento que aparece tiene una misión concreta; todo ayuda a que el espectador viaje por la vida de María y reviva con ella su historia. Es un monólogo lleno de acción, que pone al espectador en actitud activa.

-¿Supone un choque para los creyentes? ¿Cómo es la conexión? ¿En qué cree usted tras dar vida a este texto?

-Curiosamente, nadie se ha sentido molesto, ni los creyentes ni los no creyentes. El objetivo de la función no es cuestionar las escrituras sino ofrecer un punto de vista diferente sobre la historia, dando protagonismo y voz a una mujer que es sobre todo una madre dolida. Creo que eso nos afecta a todos por igual y se produce una conexión con los espectadores como pocas veces he vivido. Su dolor es comprensible para todos.

-¿Qué ha cambiado para usted después de tantos reconocimientos, el Premio Nacional de Teatro, los Max…?  ¿Sigue uno temblando?

-El miedo no desaparece, es más, creo que va a mucho más. Los premios y el reconocimiento son un acicate para continuar, pero también asustan. ¡Y hacen que aumente mi nivel de autoexigencia, que ya es grande de por sí! Sigo enfrentando cada trabajo con devoción, con la misma entrega que cuando empecé y con mucho más respeto por mi profesión y por los espectadores a quienes va destinado.

-Estrena mañana a nivel gallego. ¿Cuáles son sus expectativas con la obra? ¿El estreno es un reto o un riesgo?

-Había oído hablar del festival carballés, pero es la primera vez que puedo participar. Lo hago ilusionada, con muchas ganas. Y con humildad. No quiero tener expectativas. Creo que es la mejor manera de encarar el trabajo. El Testamento de María es el resultado del trabajo de mucha gente, que nos unimos para contar esta historia, que nos gusta, y la hicimos con mucho amor. El resto, depende de los espectadores. Siempre esperamos que lo que hacemos guste. Y tengo la impresión de que los espectadores saben captar cuándo un trabajo está hecho con humildad y amor.

-¿Qué salud ve a las artes escénicas? ¿Siguen generándose buenos textos o el referente aún sigue estando en lo clásico? ¿Cómo valora que una localidad de 30.000 habitantes como es Carballo sea hoy una referencia teatral? 

-El FIOT es necesario, como son necesarias todas las iniciativas que acerquen el teatro a la ciudadanía. Su longevidad habla del esfuerzo y la pasión de mucha gente. Así que es maravilloso que existan citas así. Creo que vivimos unos tiempos en los que la Cultura no es algo que se cuide y que se proteja. Debemos intentar hacerlo, por todos los medios. Hay nuevos autores, nuevos creadores que están luchando por ello y debemos trabajar para que tengan su lugar. Todo esfuerzo es poco para ello.

-¿Y su presente-futuro? ¿Qué tiene entre manos? ¿Cuáles son sus perspectivas?

-Estoy grabando una serie en Barcelona, Sé quien eres, para Telecinco, que se emitirá en breve, tengo en proyecto una comedia en teatro, que está escribiendo Secun de la Rosa y algún que otro proyecto para volver a dirigir… No me quejo, hay una buena perspectiva para los próximos meses…

-Volvamos a Galicia. Tenemos mucha conexión con Blanca Portillo y también con los mitos, si se puede decir así. Rosalía de Castro, otra mujer humana que hemos situado en un altar…. Participó también usted en Fisterra, vivimos además su papel de Concepción Arenal… ¿Qué le dice Galicia? 

-Galicia está en mi pasado: mi abuela era de Vigo, una mujer maravillosa a la que adoré y sigo adorando. Con un carácter fuerte y llena de amor; una gran luchadora, una gran inspiración. Creo que ese carácter de mi abuela define el carácter gallego. Y siento que algo he heredado de ella.

-Copyright: http://www.lavozdegalicia.es/

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