«María es una madre llena de humanidad»

La actriz Blanca Portillo presenta este sábado en Can Ventosa ´El testamento de María´, bajo la dirección de Agustí de Villaronga.

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La actriz madrileña Blanca Portillo regresa este sábado a Can Ventosa (21.30 horas) metiéndose en la piel de una Virgen extremadamente humana. La artista encarna a la madre de Jesús en ´El testamento de María´, una mujer ya mayor que exiliada en Éfeso rumia sus recuerdos vitales y sus profundos sentimientos, en un monólogo escrito por Colm Tóibín y dirigido por el cineasta mallorquín Agustí de Villaronga.

«Esta María contiene un aspecto que no se ha visto antes: humanidad. Es una mujer muy apegada a la tierra que cuida del campo y que vive entre sus objetos», explicaba Portillo antes de su presentación en Palma este verano. «Es una madre que siente un amor infinito por ese hijo que ha perdido». «Es una María despojada del halo místico y en la que puede verse perfectamente lo que debió sentir al ver morir a su hijo de una forma tan terrible. Es un personaje que muestra la posibilidad de asumir su responsabilidad y que quiere pasar a la historia como una mujer con sus debilidades y fragilidades y no como una heroína», explicó Portillo, quien se alzó el pasado mayo con un Max a la mejor interpretación por su papel en esta pieza.

Villaronga y la actriz advierten que el montaje «no es de verdades absolutas, no está en contra de lo que dicen los Evangelios», subrayó la intérprete. «El tema de la fe está tratado con mucho respeto y plantea una interrogación en torno a María, si realmente pudo ser de otra manera diferente», agregó. «En realidad, hay poca información sobre la madre de Jesús en los Evangelios. Por eso creo que es honesto y hermoso darle voz a una silenciada, a una mujer en un mundo de hombres», observó. En este sentido, María «no quiere pasar a la historia como pretenden los evangelistas, al final ella da su opinión, se rebela contra la idea de que la historia no se cuente como fue. Aunque no deje de ser su punto de vista, sí estuvo allí viviendo los hechos».

Tanto el director como la intérprete defienden que la María de Tóibín evoca a todas aquellas madres que han perdido hijos que han muerto por una idea. «Y eso es algo muy actual», incidió Portillo. «Yo creo que hay que hablar de los silenciados y de las ideas que hacen que la gente muera», añadió.

Traducción de Juncosa
Villaronga supo del texto del escritor irlandés a través de Enrique Juncosa –autor de la traducción y residente en Ibiza–. «Empecé a pensar en la dirección de la obra y salió la oportunidad. Es mi primera vez como director, pero tengo formación teatral porque estuve trabajando una temporada en la compañía de Núria Espert», explicó el director. «Entonces inicié el trabajo con Blanca y vi que ambos teníamos unos planteamientos muy comunes sobre María», afirmó. A pesar de ello, la actriz insistió en que «en la obra ha habido dirección. No hay cosa que me guste más que un director me dirija; es to es, alguien que defienda y justifique su idea, y me ayude a ponerla en práctica, y luego yo le pregunte si es eso lo que había soñado, y me diga que sí».

La mirada del cineasta Villaronga está contenida en la manera de narrar. La protagonista no relata la historia sino que la reaviva en directo a modo de flashbacks cinematográficos. «Yo no quería a una María anciana sentada en una silla, en su casa de Éfeso, en el exilio, contando cosas. Quería la vitalidad de una mujer que se mueve hacia adelante y hacia detrás dentro de su propia historia», señaló el director. «Y precisamente por eso, no es únicamente un monólogo», aclaró Portillo. «También creo que durante toda la función hay un primer plano sobre María y un lenguaje contenido», agregó la actriz. «Sí, yo tenía claro que lo importante era la actriz y que eso había que arroparlo. Por eso, la narración está hecha para que la lectura le sea sencilla al espectador y la emoción le llegue de manera más directa», convino el mallorquín.

Cuando Tóibín tuvo la oportunidad de contemplar a la María villaronguiana, no dudó en definirla como «mediterránea, lorquiana por momentos». «Es una mujer con los afectos y los pies en la tierra, y sin embargo no pierde la espiritualidad. Cuanto más en contacto está con sus emociones y contradicciones, más espiritual resulta. La humanidad es sagrada también», apuntó la actriz madrileña. «Yo creo que a diferencia de la versión de Broadway, un montaje cínico y más distante, éste tiene mucho de tragedia y es muy vital. Tóibín decía que ahora ya no hay personajes de la Antigüedad Clásica que se puedan representar y que para él el personaje de la historia contemporánea que sí se podría representar es la Virgen María porque podía verter en ella la palabra y la acción», comentó el director, quien pensó inmediatamente en Blanca Portillo para personificarla. «Ella transmite las emociones de manera tan directa que puede provocar que a los espectadores se les trastabillen las ideas. El público difícilmente queda fuera de ese trasvase emocional», opinó Villaronga. «En la sala, cada vez que la hemos representado, el silencio es sobrecogedor. Todo el teatro se tiñe de lo que sucede sobre las tablas», confesó Portillo, a quien le gustaría volver a trabajar con el mallorquín.

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