Blanca Portillo: ”No soporto la mentira”

La actriz estrena ‘Secuestro’, una película en la que encarna a una mujer fría y calculadora capaz de lo más terrible por salvar a su hijo.

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Ha sido Segismundo y Hamlet, lo mismo se sube a las tablas del Real que aparece en una comedia televisiva, y es tan capaz de ponerse a las órdenes de un director como ser ella quien lleve la batuta. Tiene, entre otros galardones, una Concha de Plata y cinco premios Max, uno de ellos como directora por La avería. Son tan solo un pequeño reconocimiento al trabajo de una actriz enorme, con una calidad humana admirable y una pasión que se refleja en la mirada, en unos ojos que no dejan de brillarle mientras habla de su amada profesión. Ahora estrena Secuestro, un thriller en el que comparte reparto con un compañero muy especial, el niño Marc Domènech.

¿Qué te interesó de ‘Secuestro’?

La idea de hacer una peli de género me encantaba. Por otro lado, además, tiene una carga humana muy potente, con un personaje muy interesante y que tiene muchas capas. Patricia es una mujer con una apariencia muy dura y muy fría, pero que esconde mucho y se enfrenta a situaciones límite. Y eso me gusta.

¿Qué te lleva a dar el ”sí” a un guión que te prepongan?

Creo que es algo intuitivo. Necesito que me conmueva, que me haga plantearme dudas, que me inquiete … porque luego es eso, lo que vuelcas en tu personaje y en la historia, lo que el espectador va a recibir.

¿Y cómo ha sido trabajar con Marc Domènech, tu hijo en el filme?

Es un niño fascinante, con una capacidad para escuchar y una mirada que te facilita el trabajo de una manera increíble. Tuve la suerte de conectar muy bien con él. Es muy difícil trabajar con un niño porque su capacidad de concentración es muy distinta, pero él estaba constantemente intentando estar a la altura de lo que se le pedía. Puede llegar a ser un actor excelente.

Las mentiras pueden cambiarte la vida terriblemente. Le ocurre en cierto modo a Patricia, tu personaje. ¿Eres tolerante con ellas?

Para nada, la mentira es algo que no soporto, incluso no soporto a la gente que dice: ‘Te miento para no hacerte daño’. Es superior a mis fuerzas. La verdad puede ser dolorosa, pero siempre es mucho mejor que una mentira. A veces ocultamos cosas, pero mentir, nunca. De hecho, puedo llegar a romper una relación por una mentira. No me mientas nunca y seré mucho más feliz.

¿Eres sincera contigo misma?

Sí, y eso es muy complicado, pero intento engañarme lo menos posible, porque luego eso te pasa factura.

Como tu personaje, ¿serías capaz de tomarte la justicia por tu mano?

Ese es un debate que siempre me ha inquietado, porque hay algo que separa la ley de la justicia. Se supone que la ley intenta ser justa para todo el mundo, pero es imposible. Al hacer mi personaje, recordé la historia de una madre a cuya hija violaron y, un día, después de no sé cuántos años, fue y le quemó la cara al violador. Legalmente está penado, pero ¿es justo? Eso me inquieta, creo que en situaciones límite no sabemos lo que somos capaces de hacer.

En poco tiempo has pasado de interpretar a una madre como María, arrepentida por no haber podido proteger ni acompañar a su hijo mientras estaba en la cruz (El testamento de María), a una valiente y despiadada capaz de hacer lo que sea por su hijo, como Patricia. ¿Crees que a pesar de todo guardan algo en común estas dos mujeres?

Sí, la rabia. La que tiene María desemboca en una impotencia terrorífica y se golpea a sí misma preguntándose cómo no fue capaz de hacer algo más, porque todas las madres piensan que siempre podrían haber hecho algo más, que podrían haber evitado algo aunque no hubieran podido hacerlo. Y esa rabia, esa impotencia, ese motor también está en Patricia, y es lo que la lleva a cometer una locura como la que comete. Da igual lo que sea con tal de que no le pase nada a tu hijo. Ese sentido de la maternidad, que yo no he vivido pero que conozco de cerca, es hermoso y terrible, te lleva por delante si es necesario.

Y tu madre ¿cómo es?

Muy interesante. Yo siempre la he admirado mucho. Como mujer es muy valiente, muy independiente. Tomó sus decisiones a pesar de lo que la gente le dijo y le aconsejó, sacó adelante ocho hijos ella sola y nos ha protegido todo lo que ha podido. Ella nos ha dado mucho amor, mucha generosidad, y todo sin sacrificar a la mujer que lleva dentro.

Te has ganado el artículo que precede a las grandes damas del teatro. ¿Cómo llevas ser ”la Portillo”?

[Risas] Es como de señora mayor, pero es halagador, aunque yo intento quitarle toda la importancia porque te coloca en un lugar grandilocuente y a mí me da mucho miedo que la gente se me acerque con excesivo respeto. De hecho, una de mis frases últimamente es: ”No me respetes, quiéreme”. El respeto malentendido no me gusta. No soy una cosa intocable. Sé que es un reconocimiento y lo agradezco de corazón, pero aún soy muy joven y quiero seguir equivocándome: reivindico el derecho a equivocarme.

Del Chiringuito de Pepe al Teatro Real. ¿Cómo ha sido la experiencia en una ópera, El emperador de la Atlántida?

Me decían el otro día que me meto en cada charco .. pero si no arriesgas la vida no se mueve. Me he sentido como una niña a la que llevan a Disneylandia. Cabía la posibilidad de estrellarme o de que saliera bien, y no ha salido mal [risas].

¿Da miedo?

Da pánico, pero ha sido apasionante.

-Copyright: www.ar-revista.com

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