Blanca Portillo: “No me ha ido mal dejándome llevar por la intuición”

  • La actriz protagoniza su primera película, Secuestro, en cines el 19 de agosto
  • “Por amor se pueden hacer cosas muy fuertes”, dice en una entrevista con RTVE.es
  • Interpreta a una abogada cuyo hijo es secuestrado y se toma la justicia por su mano

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Pese a ser una de las actrices españolas más respetadas y llevar más de 30 años en la profesión (debutó en teatro en 1984 y en el cine en 1995 con Entre rojas), Blanca Portillo (Madrid, 1963) no había tenido todavía un papel protagonista en la gran pantalla. En Secuestro se estrena como protagonista absoluta, y ¡de qué forma!: un trepidante thriller de acción y suspense en el que encarna a una prestigiosa abogada que se verá obligada a hacer cosas impensables cuando su hijo es secuestrado y mostrar el lado oscuro que todos tenemos.

La película, dirigida por Mar Targarona y participada por RTVE, se estrenará en los cines el próximo 19 de agosto y cuenta también en el reparto con José Coronado, Macarena Gómez, José María Pou y el niño Marc Domenech, entre otros.

En Secuestro, Portillo encarna a Patricia de Lucas, una abogada de renombre cuya vida se convierte en pesadilla cuando su hijo Víctor (Marc Domenech) desaparece del colegio sin dejar ningún rastro y aparece horas más tarde magullado y confesando que un hombre le ha intentado secuestrar, pero que ha logrado escapar. La policía se moviliza y, tras una rueda de identificación con Víctor, logran dar con el aparente responsable, aunque las pruebas no son suficientes, y el presunto secuestrador queda en libertad. Es entonces cuando Patricia, temiendo por su hijo, decide tomarse la justicia por su cuenta, pero la situación se le escapará de las manos y las consecuencias de sus actos serán imprevisibles.

Un thriller con una madre “hecha y derecha”

Este trepidante guion, escrito por Oriol Paulo (El cuerpo, Los ojos de Julia), sedujo a la actriz madrileña porque empezó a leerlo “y no era capaz de dejarlo”, explica en en la presentación de la cinta en Madrid en una entrevista con RTVE.es, y después de haber contemplado maravillada durante un rato las impresionantes vistas de la capital desde el piso 13 del Edificio Telefónica en plena Gran Vía. “Yo intento que mi intención funcione porque en los últimos años no me ha ido mal dejándome llevar por ella”, añade, pese a admitir que tuvo “miedo” porque le pareció un “personaje muy complicado de hacer”.

A esa “primera impresión” que tuvo Portillo, se unieron otros “ingredientes estupendos” como el hecho de que su personaje, aunque en en un primer momento le dio “cierto repelús”, descubrió que “debajo” tenía “una mujer mucho más interesante”, que la cinta estuviese dirigida por una mujer y, además, que fuese una película de género “protagonizada por una mujer que no es precisamente una niña guapa y aguerrida, sino una madre hecha y derecha”.

La actriz, de 53 años, reconoce que es “sorprendente” y “no pasa muchas veces” que una mujer protagonice una película de acción, pero también es complicado que los personajes de un thriller tengan “motores” que los mueven, como ocurre en Secuestro. En el caso de Patricia de Lucas “uno tan noble como el deseo compulsivo de cuidar de su hijo”.

“Por amor se pueden hacer cosas muy fuertes”

La pregunta es inevitable: ¿qué se puede llegar a hacer por un hijo? “Yo creo que por amor se pueden hacer cosas muy fuertes, y más cuando es un vínculo como el materno-filial, que es muy bestia. Yo personalmente creo que hay cosas que no haría, que no sería capaz, creo que nunca me saltaría la ley, pero, ¿y si yo estuviera en la misma situación? Igual soy una cobarde y no sería capaz… no lo sé, porque luego lo pienso y pienso en un hermano, por ejemplo, y me sube una especie de ira que digo ‘mataría’, pero no lo sé…”, apunta Portillo, que no es madre pero sí hija y hermana. En este sentido, señala la necesidad de “no justificar” a su personaje, pero sí “empatizar” con él y hacerse “cómplice de sus miedos y dolores”.

Y es que la película también reflexiona sobre ese lado oscuro que tiene todo ser humano y no presenta, por contra a la norma general, un “malo malísimo” y un “bueno buenísimo”. “Los seres humanos somos luminosos y profundamente oscuros, y esto hacía la película más creíble. En muchos momentos todos los personajes tienen algo de cazador cazado, de que parece que ganan y de repente pierden. Y eso a mí me interesa, porque es difícil hacer una película de género con personajes reales y auténticos. No hay nada más bonito que hacer personajes de verdad, porque si no, para otras cosas, están las pelis de princesas”, afirma la ganadora del premio de mejor actriz en Cannes por Volver (2006), ex aequo con las otras protagonistas de la cinta de Pedro Almodóvar.

Marc Domenech, el “ángel”

A Portillo también le interesó mucho que fuera una historia de una madre de un niño sordo, interpretado por el debutante Marc Domenech, de 11 años y sordo de nacimiento en la vida real, y que ha enamorado a todo el equipo. “Es un regalo de los dioses, un ángel”, dice Portillo, que reconoce que siempre da “miedo” trabajar con niños porque entienden el cine como “un juego”, no como una profesión.

“Además, sabes que si no le caes bien tienes un problemón. Almodóvar siempre dice que las relaciones en las películas no se pueden actuar, que existen o no existen, y cuando existen de verdad, se nota. Yo llegué con todo el respeto del mundo, tras meses trabajando la lengua de signos y lo necesario para comunicarme con él. Lo había visto en un vídeo de la prueba y me había enamorado, pero quedaba que él se enamorara de mí. Y fue mágico. Nos hemos entendido maravillosamente bien y me ha enseñado muchísimo. Nos ha dado lecciones a todos, desde su absoluta inocencia, con rigor y entusiasmo y muchas ganas de aprender”, cuenta con gran pasión Blanca Portillo, que añade que Marc tiene una mirada “que en muy pocos actores profesionales” ha encontrado. “Creo que en esta peli, yo hago de madre de…, él no hace de hijo de…”, concluye entre risas.

La pasión es correspondida. “Han sido muy simpáticas conmigo, me han cogido cariño y son como mi segunda familia porque me han mimado mucho”, dice con desparpajo el joven actor sobre Blanca Portillo y Mar Targarona. Marc confiesa haber vivido una “experiencia inolvidable” al actuar en una película, algo que le gustaría repetir y que su compañera de reparto confía en que ocurra y que “seamos generosos y abiertos de mente para dar cabida a alguien así, que es una joya”. La madera, la tiene. E, incluso, le parece “divertido” que los periodistas le entrevisten. Qué más se puede pedir.

La intérprete madrileña confiesa también haberse sentido “como una niña” rodando las escenas de acción de la película. “Me ha encantado. Son situaciones que sabes que es muy difícil vivir en tu vida personal, como conducir a velocidades increíbles, entrar en la cámara acorazada de un banco…Me he sentido como una niña, igual que el niño. Íbamos los dos de hito en hito. Es muy divertido hacer cosas así, y esta una bendita profesión que te da regalazos”.

Pero más allá de esas experiencias llenas de adrenalina, Portillo, que siempre aprende algo de los personajes que interpreta, dice que este le ha dado una “lección” que no debe “olvidar”: “Como dice mi personaje a su hijo: ser fuerte es saber pedir ayuda. Yo no suelo pedir ayuda, pero es verdad que la fortaleza también está en mostrar tu debilidad. Es una buena lección para que no se te olvide nunca e incluso para legarla. Yo no tengo hijos, pero sí sobrinos y gente a la que quiero, y es una buena frase para que no se te olvide”.

 

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