“Hemos Tenido que callar los abusos porque nos jugábamos la vida o la profesión”

BLANCA PORTILLO REGRESA CON UNA OSADÍA: ADAPTAR A LOS ESCENARIOS UNA DE LAS PELÍCULAS MÁS ICONOCLASTAS DE BUÑUEL, ‘EL ÁNGEL EXTERMINADOR’

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Con 20 actores en escena y más de un año de preparación, Blanca Portillo se enfrenta como directora a “una tarea titánica”, dice. El ángel exterminador, la película de Luis Buñuel que expuso los peores instintos de un grupo de nobles que degeneran en animales feroces cuando asimilan que no van a poder salir de una casa, revive sobre el escenario del Teatro Español del 18 de enero al 25 de febrero. Un montaje que la actriz y directora dedica a su maestro, el esloveno recientemente fallecido Tomaz Pandur. “Me enseñó a buscar la belleza para escapar del horror. No se puede imaginar lo que le echo de menos”.

VANITY FAIR: ¿Cómo surge la idea de adaptar El ángel exterminador?

BLANCA PORTILLO: La propuesta surge del Teatro Español. Al principio me eché atrás. ¿Quién tiene la osadía de llevar a las tablas una obra tan emblemática? Pero volví a ver la cinta y me pareció que estaba más vigente que nunca.

V. F.: ¿La crítica es lo primero o lo último en lo que se piensa?

B. P.: Lo pensé al principio: me pueden linchar. Pero yo no hago trabajos para que gusten a todo el mundo. Siempre voy a tener detractores y gente que sienta curiosidad. Era un poco absurdo hacer la película dentro del teatro, y me planteé hacer puro teatro con la película como referente, que tiene dos elementos teatrales: la idea de no poder salir de un lugar y un juego surrealista nada naturalista que suspende el tiempo. Creo que Buñuel tiene un alto sentido teatral, no hacía un cine costumbrista, sino amplio y abierto.

V. F.: El encierro del grupo de burgueses de este filme se prestaba a muchas interpretaciones. ¿De qué es metáfora en su montaje?

B. P.: Buñuel nunca explicó a nadie por qué no dejaba salir a los personajes de la casa. Cada uno debía hacer su lectura. Y eso se lo voy a robar, quiero que la gente llegue a su propia conclusión, no voy a conducir el pensamiento. Hago una lectura contemporánea porque el concepto de burguesía al que aludía Buñuel en los sesenta ha cambiado. Hoy esos burgueses son la élite de un establishment que detenta el poder político, económico y mediático.

V. F.: ¿Qué admira de Buñuel?

B. P.: Su libertad, que apela a su imaginario más inconsciente. Escucha sus miedos, sueños, locuras, sentido del humor y lo expone sin pudor. Tiene un gran sentido crítico sobre lo que ve a su alrededor, que refleja de manera muy artística. Debió de ser un personaje tremendo: de familia rica, que hacía deporte cuando nadie lo practicaba, con una influencia religiosa muy bestia. Me habría encantado conocerle.

V. F.: Se ha caracterizado por asumir roles tradicionalmente asignados a hombres. Además del reto artístico, ¿es una manera de ejercer el feminismo?

B. P.: Es defender la possibilidad de que hombres y mujeres hagamos lo mismo. Hay quien piensa que Hamlet solo lo puede interpretar un hombre. ¿Y qué más da? A mí la interpretación me permite una libertad que la vida real no me ofrece.

V. F.: ¿Qué opina de las denuncias de abusos en su profesión?

B. P.: Me da escalofríos pensar que seamos tantas las mujeres que hemos sufrido algún tipo de agresión y hemos tenido que callar porque nos jugábamos la vida o la profesión. He sufrido ese machismo, sé que me habrían tratado de manera diferente si tuviera bigote.

-Copyright: Vanity Fair

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